Ustedes son la luz del mundo-5o Domingo Ordinario

luz del mundo

En la primera lectura, el profeta Isaías exhortaba al pueblo (y nos exhorta a nosotros hoy) a reformarnos. Mientras la gente realizaba su ayuno, y todas las cosas externas que creían ellos hacían un buen creyente, seguían pecando de otras maneras, como nos dicen los versículos anteriores a esta lectura: “Miren, cuando ustedes ayunaban lo hacían por interés, y a todos sus obreros explotaban. Es que ustedes ayunan para litigio y pleito y para dar de puñetazos a malvados. No ayunen como hoy, para hacer oír en las alturas su voz.”

Los profetas una y otra vez nos expresan la voluntad de Dios de dejar a un lado nuestra hipocresía: que nuestra interioridad sea revelada en nuestros actos; y viceversa, que nuestros actos revelen la disposición de nuestro corazón. “Misericordia quiero, y no sacrificios” nos dice Dios por la boca de Oseas (6,6) y Jesús lo repite: “Vayan y aprendan lo que significa ‘misericordia quiero y no sacrificios.’” El resultado de alinear nuestro corazón a los deseos de Dios los describe el profeta en los versículos 8-10: “Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahvé te seguirá. Entonces clamarás, y Yahvé te responderá, pedirás socorro, y dirá: ‘Aquí estoy.’ Si apartas de ti todo yugo, no apuntas con el dedo y no hablas maldad, repartes al hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía.”

En la segunda lectura Pablo esta escribiendo a la comunidad de los Corintios, una ciudad griega, que como buenos griegos valoraban el conocimiento filosófico, la retórica, etc. Y no es que Pablo no valorara estas mismas cosas (los estudiosos nos dicen que sus cartas están llenas de ejemplos de uso de la retórica), pero en su carta dice: “no quise saber entre ustedes sino a Jesucristo, y éste crucificado.” Pablo muestra un gran valor y convicción al no diluir el mensaje del Evangelio que Cristo murió por nosotros y resucitó al tercer día. Hay que recordar que para la filosofía platónica de los griegos la resurrección es una tontería. De acuerdo al platonismo había una cierta oposición entre el espíritu y la carne, con el espirito siendo la parte superior. La muerte era deseable porque “liberaba” al espíritu de las cadenas de la carne. Por eso para ellos la resurrección no tiene sentido. Sin embargo Pablo se muestra fiel al mensaje y no trata de hacerlo mas atractivo a su mentalidad filosófica, sino que se mantiene fiel a la verdad “para que su fe seb fundara, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios.”

Jesús en el evangelio de este Domingo nos llama a ser la luz del mundo. ¿En qué aspecto se puede decir que somos nosotros luz? Y aun mas, ¿luz del mundo? En el contexto del capítulo 5 que estamos considerando hoy, los versículos justo antes de esta lectura contienen la sublime enseñanza de las Bienaventuranzas: bienaventurados los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, etc. Jesús nos esta enseñando las cualidades de sus discípulos. Estas cualidades que son el centro de la moralidad Cristiana, con la ayuda del Espíritu Santo nos llevan a acercarnos a Dios. Mientras más cerca estamos de Dios, más nos parecemos a él. Esto nos los demuestra Moisés, cuando después de estar en comunión con Dios en la cima de la montaña, baja y la gente lo mira con temor, ya que su rostro resplandecía al haber hablado con Dios. Estando cerca de Dios, siguiendo sus preceptos, siguiendo su voluntad, nos hace el compartir un poco de su luz radiante. Y esta luz no es para que brillemos y nos halaguemos nosotros mismos por nuestra brillantez, esta luz no es para nosotros, sino para atraer a otros a Dios. Esta fue la razón que Dios constituyó a su pueblo Israel, no porque eran algo especial en si mismos, sino para ser “luz de las naciones” es decir, para guiar a todos los pueblos a Dios. Esto es lo mismo que nos enseñan los papas en nuestros días. El papa Francisco, citando a Benedicto XVI nos dice en su carta pastoral “el Gozo del Evangelio” o Evangelii Gaudium: “la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción.” Somos llamados entonces a ser esta luz que lleva a otros a Dios, recordando que brillamos no por luz propia, sino por la luz de Jesucristo que nos dice “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12). Roguemos para que bañados en esta luz tengamos la convicción, el valor y la entrega de mostrarle a nuestro prójimo el camino hacia Dios.

 

 

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