Se volvieron atrás y ya no andaban con él-21o. Domingo Ordinario

“Yo y mi casa serviremos al Señor.” – Josué 24:15

La primera lectura de este domingo nos ofrece un recuerdo de la renovación de la alianza que pactó Dios con su pueblo. El pasaje que nos ofrece la liturgia viene hacia el final del libro de Josué, después de todos los eventos del arribo a la Tierra Prometida, con su conquista, y finalmente la repartición del territorio entre las tribus de Israel. Con esto se finaliza la historia de la liberación del pueblo de Dios que había comenzado en con el éxodo. Josué le recuerda al pueblo las obras de Dios, desde el llamado de Abraham, hasta la llegada a la Tierra Prometida. Dios se ha mostrado un Dios fiel, y ha cumplido sus promesas. Su brazo poderoso se ha desplegado para traerles la salvación. Ahora viene el momento de decisión: habiendo presenciado estas obras, ¿van a seguir al Señor Dios, o se volverán a sus dioses antiguos? Josué pone el ejemplo: “Yo y mi casa seguiremos al Señor.” Esta decisión también se nos presenta a nosotros el día de hoy. ¿Seguiremos al Dios verdadero, o al dios de la fama, del poder y del dinero? También nosotros hemos presenciado su poder y sus grandes obras, Que el Señor nos conceda la fe de afirmar con su pueblo “nosotros también serviremos al Señor, porque Él es nuestro Dios.”

“Sean sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo.” – Efesios 5:21

La sensibilidad moderna se ve ofendida ante la enseñanza de Pablo en su Carta a los Efesios que la mujer debe someterse a su marido. Es aparente que los ofendidos no han leído del todo bien este pasaje. La sumisión es mutua, y está basada en el temor de Cristo. Ante la distorsión entre la relación entre el hombre y la mujer que existía entonces, y continua existiendo hoy, San Pablo nos ofrece una visión diferente: la unión matrimonial entre el hombre y la mujer es imagen de la unión entre Dios y su Iglesia. La mujer es sumisa al hombre, como la Iglesia se somete a Dios. El hombre se somete a la mujer como Cristo se entregó en la cruz por su Iglesia. Desde tiempos de los profetas se comienza a desarrollar esta visión del matrimonio, con el amor entre los esposos como lo más cercano que hay en la tierra al amor que Dios nos tiene. Que Dios bendiga hoy y siempre a todos los matrimonios para que siguiendo fielmente las enseñanzas de Cristo se vuelvan imágenes verdaderas de su amor y sean modelos dignos de imitar.

Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?

En este vigésimo primer domingo del tiempo ordinario, continuamos escuchando en el evangelio la enseñanza eucarística de Jesús en el sexto capítulo del Evangelio de Juan. En esta ocasión vemos la triste respuesta de muchos de los discípulos de Jesús: lo abandonan al no entender el significado de su enseñanza. En realidad es difícil comprender lo que nos ha estado enseñando Jesús sin la luz que nos da la fe. “Yo soy el pan bajado del cielo.” “Deben de comer de mi cuerpo y beber de mi sangre.” Estos pronunciamientos son ofensivos a las sensibilidades judías cuando no se entiende la conexión que Jesús hacía con los eventos del Antiguo Testamento. Así como Dios les envió maná a sus padres para alimentarlos, Jesús es enviado por el Padre para darse como alimento y sustento espiritual. Comer de su cuerpo y beber de su sangre no es un canibalismo, sino el recibir verdaderamente con su cuerpo y su sangre la gracia donada por nosotros en el sacrificio en la cruz. Su cuerpo y su sangre nos van transformando, convirtiéndonos cada vez más a Él. También hoy debemos tener una fe como la de Pedro, quien responde ante la interrogante de Jesús “a quien iremos, tu tienes palabras de vida eterna.”

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