Lázaro y el Hombre Rico – 26 Domingo Ordinario Ciclo C

lazararo con el rico

En esta semana las lecturas nos llaman a practicar la caridad, volteando nuestra mirada hacia el pobre y el necesitado.  El vivir sin ayudarles es un gran pecado que Dios aborrece.

Ay de ustedes

En la primera lectura de este domingo tenemos una vez más las palabras del profeta Amós, esta vez manifestando uno de sus tres “ayes” o lamentos ante la situación del pueblo. Dios mandó a su profeta Amós con palabras de advertencia sobre la destrucción que se avecinaba ante el pecado del pueblo. El Señor denuncia a Judá (el reino del sur) por la desobediencia de la Ley del pueblo, mientras que el crimen de Israel (el reino del norte) fue el de abusar de los más pobres y desamparados de sus habitantes. El Señor encuentra detestable la actitud de aquellos que se la pasaban gozando de lujos como las camas de marfil, gozando de grandes banquetes y gozando de una buena música mientras las nubes grises de la venidera tormenta ya se divisaban (“la pérdida de José” se refiere a la derrota y destrucción del reino de Israel).  Estas palabras las debemos tomar en cuenta nosotros también.  Los signos de nuestros tiempos también apuntan a una temporada tormentosa.  ¿Cómo nos preparamos para estas pruebas?  La mayoría de nosotros nos preocupamos más bien por cómo obtener más riquezas, sin importar a quién dañamos, o que hacemos a un lado.  Aun hay tiempo de cambiar. Nuestro Dios misericordioso está aplazando el día de la venida triunfante de su hijo Jesucristo, con el fin de darnos la oportunidad de volvernos hacia él.

Busca las virtudes  y no la avaricia

En la segunda lectura, la exhortación de San Pablo a su joven colaborador Timoteo es precisamente de huir de este afán de acumular riquezas. Eso nunca en la historia de la humanidad ha hecho feliz a nadie, sin embargo nosotros nunca aprendemos y siempre caemos en esta trampa del enemigo. El consejo de San Pablo es debido a que algunos supuestos maestros cristianos se habían desviado del camino recto y se dedicaban a buscar enriquecerse a costa de la fe.  San Pablo nos recuerda que para el buen maestro que trabaja para el bien, techo y comida bastan para darse por pagado.  Un buen cristiano, y sobre todo un buen maestro cristiano deben más bien buscar las virtudes que sirven nuestra santificación y para el bien de la Iglesia. San Pablo enlista estas virtudes como la piedad, la fe, la caridad, la paciencia en el sufrimiento, y la dulzura (1 Tim 6,11). Piensa lo que sería tu vida, y la vida de la Iglesia, si reemplazáramos la avaricia por estas virtudes. La exhortación de Pablo para que Timoteo mantenga su “mandato” sin mancha ni culpa también va para todos nosotros. También nosotros en nuestro bautismo hemos recibido una encomienda, un mandato que nos une a la misión de Jesús de ser como él, fieles a la voluntad de Dios nuestro Señor, esparciendo la buena nueva de la salvación y siguiendo todo requerimiento de su santa ley.

Lázaro y el Hombre Rico

El evangelio de este domingo contiene un mensaje muy importante para nosotros. En aquel entonces, como hoy en día, mucha gente pensaba que a los pobres les iba mal por ser malos, o flojos o torpes. Como vemos en este pasaje, ni la prosperidad en la vida es premio para los buenos, ni la pobreza material es castigo por la iniquidad. El cómo nos va en la vida, aunque muchas veces va ligado a nuestro comportamiento, no siempre lleva una correspondencia directa con nuestra conducta. Para nosotros los cristianos la recta conducta es repuesta al llamado que tenemos como hijos de Dios, sin importar nuestro estatus social. Todos estamos llamados a la santidad, pobres y ricos, hombres y mujeres. El mensaje de la parábola no consiste en una condenación del rico por ser rico, más bien la condenación es cuando el rico viviendo en sus lujos no se acuerda del pobre. Todos nosotros estamos en una posición de ayudar. No importa en que situación vivas, siempre hay alguien en una posición aun peor a la que puedes ayudar. Después de sus muertes los personajes principales se encuentran en el más allá, con un reverso de sus situaciones terrenales. Mientras que en su vida Lázaro había estado olvidado por todos, en su muerte los ángeles de Dios lo llevan al seno de Abraham, el lugar de reposo antes de la Resurrección. El hombre rico persiste en su obsesión consigo mismo, su egoísmo, pidiéndole a Abraham que mande a Lázaro a asistirle en su propio sufrimiento. Cuando la imposibilidad de esto es manifestada, el hombre rico le pide a Abraham que mande a Lázaro a prevenir a sus hermanos de la ruina que les espera si persisten en su estado de vida.  Esto tampoco es posible, ya que si no escuchan a los profetas, menos a un muerto. Hermano y hermana, hagamos uso de este tiempo que tenemos para volver nuestra mirada al necesitado, que ya después vendrá el tiempo en que nada podamos hacer.  En esta semana tomemos pasos concretos para practicar la caridad: limpia tu closet de la ropa que no usas y dónala a un albergue. Toma el tiempo de hacer un voluntariado, visita a alguien enfermo.  Todas estas prácticas hechas con un recto corazón agradan a Dios y nos acercan a él.

Lecturas de este domingo: https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/092522.cfm

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