He venido a traer fuego a la tierra-20o Domingo

fuego de amor

“Señor, está mal hecho lo que estos hombres hicieron con Jeremías, arrojándolo al pozo, donde va a morir de hambre.” – Jeremías 38:9

En la primera lectura vemos como el profeta Jeremías sufre una intense persecución al obedecer los mandatos de Dios de avisarle al pueblo la destrucción que se aproximaba. Cuanto daño nos hacemos cuando no queremos oír la voz de Dios en nuestras vidas. Él nos habla por medio de la enfermedad, de los reveses, o incluso de lo que llamamos “mala fortuna.” Hay que entrenar nuestro corazón y nuestros sentidos para saber detectar la presencia de Dios en nuestras vidas. En la lectura, el rey y sus consejeros no se detienen a pensar que las palabras de Jeremías podrían venir de Dios. Por eso lo toman por un agitador que busca dañar al pueblo. Al mal de tenerlo preso en la cárcel le añaden el de tirarle en un pozo de agua seco para darle ahí por muerto. Ahí hubiera quedado si no fuera por la intervención de su amigo Ebed-Mélek que intercede por él y gana su rescate. Así como él debemos de pedirle a Dios la fuerza de hacer el bien, aunque todos se opongan.

“Fija la mirada en Jesús, autor y consumador de nuestra fe.” – Hebreos 12:2

La segunda lectura de este domingo continua la trama de la semana pasada, donde la Carta a los Hebreos nos habló de los grandes personajes del Antiguo Testamento como grandes ejemplos de fe. En este pasaje leemos la exhortación a seguir estos grandes modelos de fe y dejar a un lado todo pecado y toda carga que nos impide vivir con Dios. La vida Cristiana es contrastada con una carrera, y en verdad hay muchos paralelos. Como todo atleta, el cristiano debe entrenarse constantemente en la escuela de la oración y el estudio de las Escrituras. Como todo corredor, el cristiano debe tener una buena dieta que consiste sobre todo del pan celestial de la Eucaristía que nuestro Señor Jesucristo nos da. Cristo es quien ha triunfado venciendo al pecado y a la muerte; estando con él tenemos la garantía de triunfar también. Hay que fijar nuestra vista en el premio, y aprender así del ejemplo de Jesús, que con su muerte nos abre las puertas del cielo. Su sufrimiento lo soportó por nosotros, por eso unimos nosotros nuestros padecimientos a su cruz.

“¿Creen que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, se lo aseguro, sino división.” – Lucas 12:51

En el evangelio de este domingo vemos una imagen de Jesús un tanto diferente a la que muchas personas piensan – de alguien sumamente paciente, amoroso y bondadoso. Nos dice Jesús: “he venido a arrojar fuego sobre la tierra.” No hay que asustarse con estas palabras ya que la presencia de Dios y su amor son frecuentemente presentados en la Biblia como fuego (por ejemplo, la columna de humo que guiaba a su pueblo en el éxodo). ¡El fuego que Jesús quiere arrojar es el amor de Dios para todos nosotros! Cuando Jesús habla de su bautismo él se refiere a su muerte que tenía que padecer. El sumergirse en el agua representa la muerte tanto como Jesús como para nosotros el día de hoy cuando morimos al pecado por nuestro bautismo. Aunque Jesús vino a traernos un mensaje de paz, reconciliación y amor, los que se le resisten causan los conflictos que traen la violencia y la división. En esta semana hay que orar para que Dios nos refuerce contra la oposición que vamos a experimentar al proclamar su palabra. Que Dios nos de su gracia de ser fieles cristianos, y nos llene el corazón de su fuego amoroso

 

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