El Espiritu Santo, Principio de Unidad del Cuerpo Mistico

Dios Espíritu Santo, “Señor y Dador de Vida” como declaramos cada domingo en el credo, esta presente desde el principio de la historia, como podemos ver en las escrituras podemos en el relato de la creación de Gn 1:2 “el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas.” Esta palabra en hebreo “ruah’ que la Biblia Latinoamericana traduce como “espíritu” también se traduce como aliento, como soplo. Este aliento vital y vivificante de Dios no se limitó al instante inicial de la creación, sino que sostiene permanentemente y vivifica todo lo creado, renovándolo sin cesar: «Envías tu aliento y los creas, y repueblas la faz de la tierra» (Sal 104, 30). Y así, a través de AT, podemos ver en la escritura (que es inspirada por el Espíritu), como el ruah de Yahveh indica la acción del Espíritu guiando a su pueblo: Dios envía a su Espíritu a hombres débiles y los convierte en lideres carismáticos: Gedeón, Jefte, Sansón. Lo podemos ver también con la consagración real de David, momento del cual nos dice la Escritura: «A partir de entonces, vino sobre David el espíritu de Yahveh» (1 Sam 16, 13).
También antes, durante y después del destierro, el Espíritu de Dios también es dado a los profetas para primero llamar al pueblo a la conversión, y después, darle aliento y esperanza de la salvación y restauración que nosotros vemos ultimadamente cumplida en Jesucristo. El profeta Jeremías anunciaba un nuevo pacto:
“Ya llega el día -dice Yahvé, en que yo pactaré con el pueblo de Israel (y con el de Judá) una nueva alianza.
No será como esa alianza que pacté con sus padres, cuando los tomé de la mano, sacándolos de Egipto. Pues ellos quebraron la alianza, siendo que yo era su Señor. Esta es la alianza que yo pactaré con Israel en los días que están por llegar, dice Yahvé: pondré mi ley en su interior, la escribiré en sus corazones, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jer 31:31-33).Esta nueva alianza es cumplida en la ultima cena de nuestro Señor, quien nos anuncia que este cáliz que compartimos es la Nueva Alianza sellada en su sangre.

Uno de los profetas, Isaías, es quien anuncia el nacimiento de un descendiente sobre el que «reposará el espíritu (…) de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh» (Is 11, 2-3). Y nosotros sabemos que esto fue cumplido en el bautismo de Jesús, con la apertura de los cielos, y el Espíritu Santo en forma de paloma posando sobre el, con la voz del Padre proclamando: “Este es mi Hijo Amado.”
El Espíritu Santo presente aquí en forma de paloma, nos recuerda a otro pasaje del libro de Génesis, cuando termina el diluvio, y Noé manda a una paloma a verificar la existencia de tierra seca. Es el Espíritu, regresando con la ramita de olivo, símbolo de paz, es el Espíritu quien realiza la purificación de la tierra por el agua del diluvio, así como hoy en día es el Espíritu quien nos purifica a nosotros por el agua del bautismo. Aquí tenemos ya al Espíritu Santo como principio de nuestra unión como cuerpo místico, ya que es a través del bautismo que pasamos a ser miembros del cuerpo místico, que es la iglesia; hijos e hijas de Dios-por adopción.
Y que gran privilegio es esto, de ser creaturas pasamos a ser hijos de Dios, herederos de sus promesas: una de las más grandes de ellas es la promesa del Espíritu Santo, como vamos a considerar mas adelante.
El disfrutar de estas promesas también conlleva responsabilidades de nuestra parte: y que bonito es cuando vivimos sometidos a Dios, siguiendo su voluntad. No estamos haciendo otra cosa que imitar a Jesús, de quien Lucas nos cuenta: “Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos.” Si Jesús, siendo Dios, se sujeto a sus padres, porque no nosotros?
Nosotros los bautizados formamos ya parte del cuerpo místico, y somos llamados a seguir el ejemplo de Jesús, nuestra cabeza. Y cual es el ejemplo de Jesús, que fue lo que hizo Jesús? Que tenemos que hacer para conocer su ejemplo? Leer las escrituras . Yo les recomiendo bastante el Evangelio de Lucas, porque es el evangelio del Espíritu Santo. En Lucas leemos que el precursor, Juan el Bautista, estaba lleno del Espíritu Santo, desde el vientre de su madre (1:15). Jesús es concebido, por obra del Espíritu Santo (1:35). Isabel, llena también del E.S. proclama “Bendita tu entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre” Proclamando a María “la madre de mi Señor”(1:42-43). Zacarías también se le quita lo mudo y exclama lleno del Espíritu Santo “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo” (1:68). Es el Espíritu Santo quien llena y le revela a Simeón que no moriría sin ver al Mesías (2:2-26).

En estos pasajes es donde podemos ver el significado del Espíritu Santo como Señor y dador de Vida: fíjense como María y Simeón se describen a si mismos: “he aquí la esclava/sierva del Señor” y Simeón “Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz como le has dicho.” Aquí los dos están reconociendo el Señorío de Dios.
El Espíritu también es dador de vida como vimos en el pasaje de Génesis, es el Espíritu quien aleteaba sobre las aguas y les da vida; Dios con un soplo de su aliento le da la vida al primer hombre.

El Espíritu Santo. desciende sobre Jesús en su bautismo (3:21-22), es el Espíritu Santo quien lo dirige al desierto a ser tentado (cap 4), y también nos declara Jesús al principio de su ministerio publico, esas palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos, y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos”(4:16-21).
Estos pasajes son solo el principio, a través del Evangelio vemos la acción del Espíritu Santo que alienta, fortalece, dirige, etc.
Entonces, nosotros estamos llamados a hacer lo que hizo Jesús: llevar buenas nuevas a los pobres, anunciar la libertad a los cautivos, despedir libres a los oprimidos. La forma en que nosotros cooperamos en esta misión es con nuestra ayuda a los pobres (ya se de espíritu, o materialmente), dando testimonio con nuestra vida de la libertad que nos Cristo.
Ya en las Escrituras vemos como los discípulos de Jesús continuaron la misión de el : los discípulos iban y proclamaban la buena nueva, sanaban a los enfermos, exorcizaban a los poseídos, etc. Como lo vemos en los Hechos de los Apóstoles. Y nosotros somos llamados a continuar esto. Pero solos no lo podemos hacer, necesitamos una ayuda divina, y eso precisamente nos prometió Jesús antes de partir al Padre: “ pero es verdad lo que les digo: les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya, el Protector no vendrá a ustedes. Yo me voy, y es para enviárselo.” (Jn 16:7). El E.S. nos revela la intimidad de la vida Trinitaria, como nos enseñaba el Papa JPII, “la Santísima Trinidad en su mas intimo misterio es que no es Dios solitario, sino un Dios en familia” donde el Padre ama al Hijo con Amor inefable, y el Hijo ama al Padre con idéntico Amor; la relación de Amor entre ambos es el Espíritu Divino, la tercera Persona de la Trinidad.

Y esta promesa es cumplida en el día de Pentecostés (ver Hch 2:1-13).Es entonces con el evento de Pentecostés que se derrama la plenitud de los dones del E.S., ya recibido inicialmente en nuestro Bautismo. Nosotros actualizamos las gracias del Espíritu Santo que fueron derramadas en Pentecostés, en el sacramento de la Confirmación: la Confirmación es para nuestro Pentecostés personal! He ahí la importancia de este este sacramento para nosotros.
Este evento es un evento de unidad-noten ustedes como el evento de Pentecostés, con la venida del Espíritu Santo es un reverso, es una reparación de lo que el pecado había causado: que fue lo que paso cuando la humanidad en su orgullo quiso construir una torre para llegar a los cielos? Dios confunde esos planes con las diferentes lenguas…ahora con la efusión del Espíritu Santo, ya no hay esa separación, sino unidad: Todas las personas entienden la proclamación de la buena nueva! Por eso el Espíritu Santo es principio de unidad!

Hasta este momento hemos hablado del Espíritu Santo, como lo explica la Sagrada Escritura (aliento o soplo de Dios), como fue dado a los servidores de Dios, fue dado especialmente a Jesús, y es compartido con nosotros en Pentecostés, como repara los efectos del pecado. Quería hablar también de lo que significa cuando hablamos del Cuerpo Místico, para luego cerrar con él lo que es el Espíritu Santo. como principio de unidad del Cuerpo Místico.
Esta idea del cuerpo místico proviene de San Pablo, como vemos en el relato de su conversión en Hechos 9:1-22.
Pablo era un fariseo muy celoso de cumplir la ley. En su celo, vio como su tarea el perseguir a la iglesia naciente. Camino a Damasco, la luz del Señor lo tira al suelo, y que es lo que dice la voz: Porque me persigues? No dice “porque persigues a mi iglesia”? Estas palabras de Jesús son cruciales para nuestro entendimiento de la Iglesia como cuerpo místico, porque al decir “porque me persigues?” se esta identificando con la Iglesia-Jesús y la Iglesia son una sola cosa: somos un cuerpo, con Cristo en la cabeza.
Pablo es cegado simbolizando su ceguera espiritual. Y como es Pablo restaurado? Le dice Ananias: El Señor me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo”
El Espíritu Santo es el que le da una nueva vida y le da la entrada a la Iglesia, cuerpo Místico de Jesucristo.
Por eso oramos para que el Señor nos llene del Espíritu Santo y nos saque de esta ceguera espiritual en la que a veces nos encontramos.

Otro pasaje de las cartas paulinas que nos revelan este concepto esta en la carta a los Efesios 1:17-23. San Pablo aquí nos dice como la iglesia es el cuerpo y Cristo es su cabeza, y todo esto lo podemos conocer con el Espíritu que nos da la sabiduría para reconocer a Cristo como nuestro Señor, superior a todo Poder, Autoridad y Dominio, constituido por Dios como Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo.

La pregunta ahora es “que significa todo esto para nosotros?” Todo esto significa que no somos solamente un conjunto de personas aquí reunidas con un propósito común, como en cualquier organización o equipo humano, sino un cuerpo organizado, con diversos miembros y sus propias funciones, sobre los cuales Jesucristo, por el Espíritu Santo, ejerce una acción unitiva y vivificadora. Así como nuestro cuerpo es uno solo, pero con muchas partes, así es también la Iglesia. San Pablo nos dice de una manera tan bella en la Carta a los Romanos:

“Miren cuántas partes tiene nuestro cuerpo, y es uno, aunque las varias partes no desempeñan la misma función. Así también nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo. Dependemos unos de otros y tenemos capacidades diferentes según el don que hemos recibido. Si eres profeta, transmite las luces que te son entregadas; si eres diácono, cumple tu misión; si eres maestro, enseña; Si eres predicador, sé capaz de animar a los demás; si te corresponde la asistencia, da con la mano abierta; si eres dirigente, actúa con dedicación; si ayudas a los que sufren, muéstrate sonriente. Que el amor sea sincero. Aborrezcan el mal y procuren todo lo bueno”
(Rom 12:4-9)

Ser parte del Cuerpo Místico significa que todos nosotros estamos ligados de una manera misteriosa-el estar ligado así significa que el bien que hacemos es un bien para todo el cuerpo, mientras el mal que hacemos se convierte en un mal para el cuerpo; es como si nos volviéramos células malas, cancerosas. Muchos de nosotros pensamos que al pecar no le hacemos daño a nadie-esto no es así! Esta unión de los miembros del Cuerpo Místico no se limita a nosotros los vivos: recuerden que la iglesia se compone tanto de nosotros (la iglesia militante), como las almas del purgatorio (la iglesia sufriente) y las almas ya en el cielo (la iglesia triunfante). Por eso nosotros podemos orar por las almas del purgatorio; podemos también pedir la intercesión de las almas en el cielo, porque estamos unidos y formamos parte de un solo cuerpo de Cristo!

Por eso el día de hoy estamos tan alegres y contentos celebrando la venida del Espíritu Santo sobre la iglesia, esta venida que es cumplimiento de las promesas de Jesús que nos mandaría a otro consolador: el Espíritu Santo que es para la Iglesia lo que el alma es para el cuerpo. Este Dios Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad quien confesamos cada domingo como “Señor y Dador de Vida”. Es a este mismo Espíritu a quien nos encomendamos hoy en este Pentecostés:

“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor!”

 

 

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