Domingo de Ramos

En este domingo celebramos en la Iglesia el preámbulo de la Pasión de nuestro Señor Jesús en su entrada triunfante en Jerusalén. Los evangelios nos muestran como el propósito del ministerio de Jesús se ve cumplido en su subida al monte: el propósito de su Encarnación es el darse como sacrificio para nuestra salvación.

“Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba.” – Isaías 50:6

Una característica del profeta Isaías de gran interés para nosotros los cristianos, son los pasajes conocidos como los “pasajes del siervo sufriente.” En el pasaje escogido por la Iglesia para nosotros en la primera lectura de este Domingo de Ramos, se nos presenta a este siervo sufriente, a quien Dios a dado palabras , ha dado una lengua dócil con la cual compartir las enseñanzas de Dios. De la misma manera Jesús vino al mundo a predicar la buena nueva de la salvación, con palabras de enseñanza, salvación, y sanción.
Isaías describe a este siervo sufriente de una manera que concuerda cercanamente con los eventos de la Pasión de Jesucristo. No se resiste de aquellos que lo maltratan. Por igual Jesús, vive su pasión como el cordero que es llevado al matadero. Jesús es este siervo sufriente que el profeta Isaías ve de manera anticipada. Jesús vino a transmitirnos la palabra de su Padre, levantando a los caídos, sanando a los enfermos, y liberando a los poseídos. Recibió como pago por su bondad el oprobio de la gente, sobre todos los líderes que en vez de guiar al pueblo hacia Él lo mandaron matar. La actitud de Jesús en su pasión tiene mucho que enseñarnos. Jesús al someterse, glorificó al Padre. Que en días sigamos el ejemplo de Jesús, glorificando al Padre al seguir su voluntad.

“Por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.” – Filipenses 2:8

En la segunda lectura vemos un himno cristológico preciosísimo que nos dejó San Pablo. En este himno se nos presenta la humildad de Jesús, que, siendo Dios, hizo a un lado su condición divina para volverse esclavo. Jesús se rebajó a sí mismo y se hizo obediente, hasta el punto de abrazar a su cruz.
Si Jesús se hizo humilde, ¿por qué nosotros nos queremos engrandecer? ¿Por qué buscamos honores y riquezas? Nosotros como cristianos debemos imitar a nuestro maestro y buscar el camino de la santidad a través de la humildad. Éste es el mensaje de San Pablo para los Filipenses, y también para nosotros. Evaluar nuestra vida a los ojos de nuestro redentor y Señor Jesucristo en la cruz. Nosotros los cristianos debemos rechazar el que nos glorifiquen, y debemos más bien ser humildes. Debemos rechazar el buscar únicamente el bien propio, y buscar el bien de los demás. ¿Cómo podemos ser como Jesús? San Pablo nos da varias claves, entre ellas, la obediencia y el amor. Tenemos que buscar el seguir únicamente la voluntad del Padre, en esto consiste la obediencia. El amor nos lo mostró Jesús quien “me amó y se entregó por mí.” Que en estos días de preparación sepamos seguir la voluntad de Dios en obediencia y amor.

“¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!” – Lucas 19:38

La lectura del Evangelio durante en la procesión de las palmas nos muestra como el propósito del ministerio de Jesús se ve cumplido en su subida al monte: el propósito de su encarnación es el darse como sacrificio para nuestra salvación.
Jesús iba acompañado de una muchedumbre, quizás alentados por la esperanza de que Jesús era el mesías que restablecería el reino de David. El pasaje está lleno de significado para un judío en tiempos de Jesús. En el capítulo 19 del evangelio de Lucas vemos como Jesús hace uso de la prerrogativa real de hacer uso de transportación. En este pasaje vemos varias referencias al Antiguo Testamento que son muy importantes. El uso de un burro como transporte es una referencia a la profecía del profeta Zacarías 9:9 “¡Exulta sin freno, Sion, grita de alegría, Jerusalén! Que viene a ti tu rey: justo y victorioso, humilde y montado en un burro, en una cría de burra. Esto nos habla del tipo de rey que Jesús era: humilde, rey de los pobres. La manera en que echan sus mantos sobre el burro también nos da una imagen regia, ya que vemos esta costumbre expresada en el 2 Rey 9:13. Jesús venia de manera humilde, no de manera ostentosa. Su reinado se establece por el amor y por el sacrificio, no por la violencia. En la primera lectura el profeta Isaías tiene la visión de este servidor sufriente que iba venir: de dócil habla, manso, soportando las humillaciones. Que nuestra preparación cuaresmal nos lleve a imitar a nuestro Señor Jesús en su humilde entrega.

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