Pescador de Hombres-5o. Domingo Tiempo Ordinario

“Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos.” – Isaías 6:3

En la primera lectura tenemos la visión inicial del profeta Isaias, fechada por la muerte del rey Ozías precisamente al año 742 AC.  En esta visión Isaias ve a Dios como rey en su trono, siendo adorado por serafines.  Estas creaturas son uno de los coros de ángeles (precisamente en este pasaje los vemos cantando “Santo Santo Santo es el Señor”).  Se les asocia usualmente con el fuego, como creaturas de fuego, por el ardor de su amor hacia el Señor, y en parte por esto ocupan el primer lugar de los 9 coros de ángeles.  La palabra serafín en hebreo tiene la misma raíz de otras palabras como quemar, y también brasa.  De cierta manera, el serafín “comparte” este ardor con Isaias al purificarle su boca con la brasa.  El canto de los serafines “Santo, Santo, Santo” es una revelación de la naturaleza de Dios.  Esta repetición es una manera de expresar que Dios es el más santo, la fuente de la santidad.  El lenguaje hebreo carece de términos superlativos (bueno-mejor, caliente-calientísimo) y por eso lo mas alto de un termino se expresa con repetición (otro ejemplo es “amen, amen, amen les digo”).

La fundación y las columnas del templo se estremecen ante el canto de los serafines, y el templo se inunda de humo, que representa la presencia de Dios (piensa en el uso de incienso en nuestras liturgias).

Ante la presencia de Dios, Isaias teme por su vida, y le hace darse cuenta de su condición de pecador, que le impide unirse a los serafines en su canto.

El último versículo del pasaje de este domingo nos muestra la pronta respuesta del profeta a la pregunta del Señor: ¿A quién enviaré?  A diferencia de otras figuras proféticas que encuentran excusas ante el llamado de Dios (Moisés-no se hablar; Jeremías-soy muy joven, etc.) Isaias contesta: “aquí estoy, envíame a mi.” La prontitud es digna de imitar para nosotros.  ¿Cuantas veces el Señor nos llama, dándonos oportunidades de servirle y de convertirnos hacia el?  La prontitud de Isaias es admirable, sobre todo porque Dios le revela en los versículos siguientes, que su misión resultará no en la conversión, sino en el endurecimiento de los corazones del pueblo de Dios.

“Fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito” – 1 Corintios 15:4

En la segunda lectura, san Pablo exhorta a los Corintios, recordándoles el contenido de su predicación, centrada en la Resurrección.  La Resurrección es central para los Cristianos, es lo que certifica a Cristo en su divinidad, y los apóstoles ven como su misión predicar el Evangelio, dando testimonio de la Resurrección.  En otra ocasión nos dice san Pablo, si Cristo no resucito, nuestra predicación es en vano, y nuestra fe es en vano (1 Cor 15:14).  En este pasaje, el apóstol da testimonio irrefutable de la Resurrección, en que Jesús se apareció a muchas personas después de su muerte.  Muchas de estas personas estaban aún vivas cuando se escribió esta carta, y de no haber sido verdad, hubieran objetado a su proclamación como hecho.  Aunado a todo esto, este pasaje es de suma importancia al ser el testimonio mas temprano de la resurrección de Jesús, escrito antes de los evangelios.

“Confiado en tu palabra, echaré las redes.” – Lucas 5:5

En el evangelio de este domingo vemos el inicio del ministerio público de Jesús, llamando a sus primeros discípulos.  De entrada nos llama la atención la manera con la que la gente buscaba oír a Jesús.  En nuestros propios días, ¿cuanta gente que necesita de Dios lo busca en otros lados?  Por gracia de Dios, aun hay muchos que lo buscan dentro de la Iglesia que Jesús estableció, y de eso soy testigo.

Para los Padres de la Iglesia, de barca de Pedro representa a la Iglesia; en su abundancia de pesca representa los frutos de la predicación, que a través de los siglos ha producido abundancia de santos.  Siguiendo esta imagen, Jesús se sube a la barca a enseñar a la muchedumbre, como ahora a través de la Iglesia continua a enseñar a todo el mundo.  La invitación de la Iglesia para ti en este domingo, es el de verte a ti también como barca –  ¿vas a dejar que Cristo la conduzca y así brindes abundante fruto?  Para poder hacer esto necesitamos tener la fe de Pedro, que dice, no veo la manera, pero porque tu lo ordenas lo haré.  Así tal vez nos sentimos nosotros también como Isaias-somos pecadores, y no vemos la manera en que Dios pueda actuar en nuestras vidas.  Como Pedro, caigamos de rodillas, esta vez pidiéndole a Dios que aleje de nosotros lo que nos separa de él.  En esta semana, sigamos el ejemplo de Isaias, pronto para seguir los mandatos de Dios, y de Pedro que con fe abre su corazón a la acción transformadora de Jesús.

 

Lecturas de este domingo: https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/020622.cfm

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