Señor Mío y Dios Mío – 2ndo Domingo de Pascua

2ndo Domingo Pascua

Continuamos con el gozo en esta Pascua de saber que nuestro Señor esta vivo! En la primera lectura los Hechos de los Apóstoles nos da un vistazo a la comunidad Cristiana de los primeros años: “se mantenían constantes a las enseñanzas de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.” Este es nuestro modelo a seguir hoy, igual que para los primeros cristianos. Escuchamos las enseñanzas del papa, de los obispos en comunión con el, de nuestro párroco, etc. Y esto debe incluir no solo las cosas fáciles, sino las cosas que nos son difíciles de seguir.

La comunión proviene del término griego “Koinonia” y se refiere no a la Eucaristía, sino a la intima relación que tienen los creyentes con Dios: estamos estrechamente unidos unos con otros, y con Dios a través del Espíritu. Esta comunión es expresada de varias maneras, la mas sublime manera es lo que aquí se menciona como “la fracción del pan.” Esto si se refiere a la Eucaristía. Es uno de los nombres mas antiguos de este magnánimo sacramento y proviene del ultimo capitulo del Evangelio de Lucas, cuando se aparece Jesús resucitado a los dos discípulos camino a Emaús. No lo reconocen hasta que Jesús realiza este gesto de la fracción del pan. Finalmente vemos que la comunidad esta en constante oración, como nos enseño el Maestro.

 

Segunda Lectura

En la segunda lectura, tomada de la 1era Carta del apóstol Pedro vemos una típica oración judía, que comienza con la formula: “Bendito sea Dios”… Bendice Pedro a Dios por darnos la nueva vida por la resurrección de Cristo, que acabamos de celebrar y seguimos celebrando en esta Pascua. La meta de esta nueva vida inaugurada por Cristo es nuestra herencia, la salvación en el ultimo momento, la Parusía o segunda venida de Jesucristo.

Esta salvación es motivo de la alegría de los Cristianos, aunque aun vivamos en medio de las tribulaciones. Pedro escribe desde Roma, donde la Iglesia ciertamente vivió agudas persecuciones. Y las persecuciones refinan nuestra fe como el oro que es purificado bajo el fuego, para dar alabanza a Jesús en su revelación, su apocalipsis según el griego.

 

Evangelio

En el evangelio según san Juan, vemos un importantísimo pasaje que la iglesia ve como parte de la institución del sacramento de la Reconciliación, ya que Jesús le da a sus discípulos el don del Espíritu Santo con estas palabras:

La paz con ustedes.

Como el Padre me envió,

también yo los envío.

 Dicho esto, sopló y les dijo:

«Reciban el Espíritu Santo.

A quienes perdonen los pecados,

les quedan perdonados;

a quienes se los retengan,

les quedan retenidos.

Son palabras muy importantes, la otra ocasión donde Dios nos da su aliento es en el libro de Génesis, donde su aliento imparte la vida en esas aguas primordiales.

El Jesús resucitado

Hay tanta riqueza en este pasaje, que tenemos que limitarnos a ciertos puntos:

-Jesús entra en el recinto donde estaban las puertas cerradas. El cuerpo glorioso de Jesús no le detienen las cosas materiales: traspasa sus envolturas fúnebres, y aquí traspasa puertas y paredes

-Jesús repite su saludo de paz, la primera vez estaban tan asombrados los discípulos que ni siquiera le oyeron. Esto cumple la promesa de Jesús que les había hecho mas antes en el evangelio de dejarles su paz. La palabra hebrea para paz es Shalom, y este termino denota una realidad mas profunda que simple paz; denota el bienestar del pueblo de Dios ante la llegada de su Reino.

-el Jesús resucitado lleva las marcas de su crucifixión, lo que nos demuestra la realidad de que el Señor resucitado no es otro sino el Señor crucificado. El viejo dicho de la Iglesia se hace presente: no hay Gloria sin la Pasión, Resurrección sin Crucifixión.

-el evangelio nos narra una segunda aparición de Jesús a sus discípulos, esta vez con Tomas presenta. Pobre Tomas, siempre llamado “el que dudo.” Sin embargo Tomas nos da la confesión Cristológica mas grande de los evangelios: “Señor mío y Dios mío!” Se cuenta de Tomas que esparció la fe hasta la India y murió una muerte de mártir.

La Iglesia nos encomienda a continuar con la alegría Pascual por los 50 días que dura la temporada, continuando en imitación a los apóstoles reunidos en comunión y en oración. Celebramos su victoria sobre la muerte, porque como nos dice san Pedro en su carta, esto es causa de nuestra esperanza viva. Vivamos de esta manera la Pascua del Señor, recordando que el Señor nos ha enviado a continuar su misión de ser instrumentos de reconciliación en el mundo.

 

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