La gratitud agrada a Dios-28 Domingo Ordinario Ciclo C

Diez leprosos sanados

Las lecturas de este domingo nos hablan de la gratitud que debemos expresarle a Dios ante las obras maravillosas que él realiza en nuestras vidas, comenzando con el darnos la vida natural, así como también la vida supernatural de la gracia en Cristo.

En la primera lectura oímos la historia de Naamán, un general del ejercito sirio que sufría de lepra. Le llega la noticia de que un profeta de Israel realiza grandes obras, y acude a su encuentro. El profeta es Eliseo, quien recibe a Naamán y le indica que debe lavarse en el río Jordán siete veces. Inicialmente Naamán se rehúsa, ya que esta indicación no era lo que él se esperaba, y además siente un cierto sentido de superioridad que le impedía pensar que algo así pudiera pasar en un río de Israel. Finalmente cambia de parecer ante la insistencia de sus siervos y se va a lavar siete veces en el río Jordán. Al realizarse el milagro de su curación, Naamán es conmovido a una fe en el Dios de Israel y en gratitud le ofrece a Eliseo un regalo. El profeta Eliseo rechaza el regalo, pues él era diferente a los profetas falsos que recibían todo tipo de regalos y se enriquecían por su posición. Finalmente, Naamán pide llevarse un poco de la tierra de Israel donde habita el Señor vivo para llevársela a Siria, y así poderle adorar después. Este pasaje lo interpreta la Iglesia como una prefiguración al Sacramento del Bautismo, instituido por nuestro Señor Jesús en este mismo río Jordán. El bautismo también nos lava de la enfermedad que es el pecado y nos da la salvación a todos, cosa que también es prefigurada en este pasaje, al sanarse Naamán, un no-judío. Tres cosas se requirieron de Naamán para su cura, y tres cosas que también son indispensables para nuestra salvación: humildad, fe y gratitud. El gran general va acompañado de sus carros y sus caballos, esperando ser recibido y tratado con la debida pompa y circunstancia. En lugar de esto, Eliseo ni siquiera lo recibe, enviando las muy simples instrucciones para Naamán por medio de un siervo. Naamán tuvo que tragarse su orgullo y desplegar una confianza de que el profeta era en realidad un enviado de Dios. Ante la curación Naamán es agradecido y busca recompensar al profeta.

En la segunda lectura San Pablo le propone a Timoteo como ejemplo a Jesucristo, descendiente de David y resucitado de entre los muertos. Como descendiente de David Jesús es el cumplimiento de las promesas de Dios de que un hijo de David reinaría para siempre. Con su resurrección Jesús nos muestra que es el hijo amado de Dios, que ha triunfado sobre la muerte y nos muestra la salvación. La persecución que San Pablo ha sufrido la ha venido soportando porque la persecución y el sufrimiento nos configuran a Cristo y sirven también como testimonio para atraer a otros hacia él. Para San Pablo morir por Jesús es un vivir con él. La recompensa de una vida entregada al servicio de Dios es una unión eterna con él en el cielo.

En el evangelio de este domingo San Lucas nos relata el episodio de la cura de los diez leprosos. Ellos iban a la distancia, ya que la Ley de Moisés indicaba que los afligidos por la lepra debían vivir fuera del campamento donde vivían los demás. Desde la distancia le gritan a Jesús pidiendo compasión por su estado. Antes de sanarlos, Jesús les ordena presentarse ante los sacerdotes en el templo, cosa que también era requerida por la Ley, para certificar una curación. Ellos muestran una gran fe en Jesús al cumplir su mandato, estando aun enfermos. Encaminados a cumplir el mandato de Jesús se realiza su sanación, y mientras nueve de ellos siguen su camino, uno se regresa a darle gracias a Jesús. Jesús lo encomienda por su gratitud, que también le gana el regalo no solo de la salud, sino también el de la salvación.

Hermanos y hermanas, Dios quiere nuestra salvación y nuestra salud. El nos mandó a su hijo para darnos las dos cosas, basta que lo llamemos y le pidamos que nos sane. Como los leprosos, nosotros por el pecado vivimos apartados de Dios y de nuestros hermanos. Jesús vino a restaurarnos porque el quiere que vivamos no separados, sino en comunión. Y es la comunión que compartimos en cada misa día a día que nos acerca más a él. En esta semana practica la gratitud a Dios por la multitud de regalos que nos ha dado y nos da todos los días.

Lecturas de este domingo: https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/100922.cfm

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