¡Señor, Sálvame! – 19o. Domingo Ordinario

En las lecturas de esta semana vemos el poder y la presencia de Dios manifestada en la naturaleza, tanto en la primera lectura con el huracán, el terremoto y el fuego manifestados al profeta Elías, como en la tempestad con las olas y el viento manifestados a los discípulos por Jesús caminando sobre el mar.

Primera Lectura

Dios se manifiesta de esta manera a Elías, el gran profeta que había sido encargado con oponerse a los falsos profetas que adoraban al dios Baal. Elías se enfrenta al rey de Israel por permitir esta idolatría, como también se enfrenta con el pueblo al vacilar entre Baal y el Dios verdadero. De acuerdo a la tradición bíblica, Elías no muere, sino que es llevado al cielo en una carroza de fuego. La primera lectura del Primer Libro de Reyes nos muestra una teofanía – una manifestación o revelación de Dios presagiada por los elementos, que se manifiestan de manera grandiosa, pero Dios no estaba en ellos. Dios no se encontraba en los poderosos elementos, sino en la paz de la brisa tranquila. En este encuentro con Dios el profeta encuentra fuerza para seguir adelante en su camino al monte Horeb.

Segunda Lectura

En la segunda lectura el apóstol Pablo se lamenta por sus compatriotas, los judíos, porque a pesar de ser el pueblo elegido, de tener las diferentes alianza que Dios les extendió a Abraham, a Moisés, a David, de tener la ley y los patriarcas, a pesar de tener la gloria de Dios, su misma presencia entre ellos, aun así no creyeron en Cristo. El mayor honor de todos, es que de entre este pueblo nació el salvador de todos, nuestro Señor Jesucristo. Pero no podemos juzgar a los judíos por este rechazo. Nosotros también que tenemos las Sagradas Escrituras, la fuente de gracia de los sacramentos, la predicación de la Iglesia y tantos otros dones, también nosotros por igual, con nuestros pecados hemos rechazado a el Mesías.

Evangelio

En el evangelio tenemos el pasaje donde Jesús camina sobre las aguas. Jesús manda a los discípulos en una barca a que vayan delante de el, mientras el despide a la gente y se va a orar. Lo primero que podemos notar es que Jesús no vino al rescate de los discípulos inmediatamente, sino hasta la madrugada. De cierta manera Jesús permite que pasemos por duras pruebas para tener la oportunidad de lidiar con ellas y volvernos más fuertes en el proceso. La oración de Pedro al hundirse es modelo para nosotros al vernos sumergidos en el dolor y la desesperación: “¡Señor, sálvame!” San Juan Crisantemo nos enseña que en este episodio Jesús quería enseñarle a Pedro que su fuerza proviene del Señor, y que no podía confiar en sus propios recursos. El mensaje de este domingo es el de poner nuestra confianza en Dios, y acudir a él rezando ¡Señor sálvame!, cuando nos encontremos hundidos en dificultades. Pongamos nuestra confianza en nuestro Dios poderoso que se manifiesta en nuestras vidas y nos llama siempre hacia el.

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Lecturas de Esta Semana:

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