Parábola del Buen Sembrador-15o Domingo Ordinario

Buen Sembrador

El mensaje de la parábola del buen sembrador nos ayuda a comprender como puede ser que el mensaje de la Buena Nueva puede producir reacciones tan diferentes? La diferencia se explica porque la proclamación del mensaje requiere la aceptación del oyente para que sea efectiva. Dios requiere de nuestro “si” para salvarnos. Dios quiere que todos se salven-la semilla se esparce por todo el campo-pero depende de nuestra cooperación.

En las lecturas de hoy vemos un tema un tanto ecológico, con la palaba de Dios comparada con la lluvia que cae y fecunda la tierra, mientras que el salmo habla de la bendición de Dios sobre la tierra, regándola, y cuidándola. La segunda lectura también menciona a la naturaleza ansiosa de ver la gloria de Dios, librándose de la esclavitud de la corrupción. Antes de hacer la reflexión sobre las lecturas quisiera hablar un poco de la ecología desde el punto de vista cristiano.

Para nosotros los cristianos, el medio ambiente no es algo hostil que debemos de domar. La naturaleza es obra de la mano de Dios, don que es confiado al hombre para su cuidado, como podemos ver en el relato de Génesis donde Dios, después de cada episodio de la creación declara a todo lo creado como bueno, y como pináculo de la creación al hombre, quien Dios declara: ¡es muy bueno!

Por eso la creación siempre forma parte de la acción de gracias del pueblo de Dios, como vemos por ejemplo en el salmo 104: “ ¡Cuán numerosas tus obras, Yahvé! Todas las hiciste con sabiduría, de tus creaturas se llena la tierra.” Esta es la actitud del cristiano hacia el medio ambiente: agradecimiento a Dios por sus obras, con la responsabilidad que viene de ser encargados de su cuidado.

En la primera lectura el profeta Isaías compara a la palabra de Dios con el poder de la lluvia que es enviada del cielo para hacer que la tierra rinda su fruto y de comida al hombre. En este pasaje vemos un indicio de doctrina de la santísima Trinidad, ya que la palabra de Dios es personificada, es decir, tiene características de una persona: es enviada, cumple su misión, etc. Nosotros los cristianos vemos en estas referencias la presencia del Verbo Divino: la Palabra de Dios como lo describe el apóstol Juan en el prólogo a su evangelio, presente desde la creación del mundo y sosteniéndolo a través de su historia. Jesucristo es la Palabra definitiva y efectiva de Dios, que vino de Dios y regresa a él, perfectamente cumpliendo su voluntad, como nos enseña el papa Benedicto XVI en la exhortación post-sinodal “Verbum Domini.”

En la segunda lectura Pablo nos enseña algo que vale la pena recordar: “los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros.” Es lo que en otras palabras nos dice santa Teresa de Ávila en un dicho atribuido a ella : cuando estemos en el cielo, el mas terrible de los eventos que hayamos pasado aquí en la tierra será en la perspectiva del cielo como una mala noche en un hotel. No para hacer menos los sufrimientos reales que padecemos, sino para reconocer que estos padecimientos son expresión y voz del Espíritu Santo clamando ante la maldad que existe en el mundo. Hay que tener la perspectiva del cielo, la perspectiva de Dios presente para no dejarnos llevar por toda la negatividad del mundo y sus vicisitudes: Jesucristo ya venció a la muerte y al pecado, y nosotros los que estamos unidos a él tenemos la seguridad de esta victoria!

Siguiendo con el tema ecológico, San Pablo nos enseña que la creación, que fue creada para el hombre y fue maldecida a causa del pecado de nuestros primeros padres, también participará en la redención. El mundo material esta ligado al hombre y a su destino: como nos recuerda la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual (Gaudium et Spes) – “La Biblia nos enseña que el hombre ha sido creado “a imagen de Dios”, con capacidad para conocer y amar a su Creador, y que por Dios ha sido constituido señor de la entera creación visible para gobernarla y usarla glorificando a Dios.”

En el evangelio de este domingo tenemos el conocido pasaje de la parábola del sembrador. Jesús mismo nos explica su significado, así que no necesito repasarlo. Lo que si quisiera que notáramos es la manera en que Jesús enseña: usando un lenguaje simple, que la gente común entendería, con imágenes del campo. Enseñaba a través del contar historias, que es una manera muy efectiva de capturar la imaginación del oyente.

El mensaje de la parábola del sembrador nos ayuda a comprender la pregunta – ¿cómo puede ser que el mensaje de la Buena Nueva puede producir reacciones tan diferentes? La diferencia se explica porque la proclamación del mensaje requiere la aceptación del oyente para que sea efectiva. Dios requiere de nuestro “si” para salvarnos. Dios quiere que todos se salven – la semilla se esparce por todo el campo – pero depende de nuestra cooperación.

 

 

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